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El problema de la bocazas


El Rabino Ovadia Yosef no deseó muerte a los terroristas, a responsables de atentados, sino al propio Abu Mazen y a los palestinos en general. Desubicado, cerrado, poco inteligente, inaceptable, es lo mínimo que se puede decir del rabino en esta ocasión.
 

Debo ante todo comenzar admitiendo que no tengo certeza si desde un punto de vista idiomático, el titular que dimos a esta nota está bien. No tengo el Larousse a mano para buscar “bocaza”, pero la expresión me salió natural al pensar en el desubique increíble que mostraron estos días un israelí y un palestino, ambos bastante conocidos, al hablar de más.

Todo comenzó con el Rabino Ovadia Yosef, líder espiritual del partido ultraortodoxo israelí Shas, que en su encuentro semanal con estudiantes y seguidores, dijo que Mahmud Abbás (el presidente palestino) “es un malvado que odia a Israel” y que “Dios debería golpearlos con una plaga”, agregando que “todos ellos deberían morir”.

A decir verdad, no nos sorprendimos demasiado, porque el estilo del mencionado rabino es tal que su lengua se ha desbocado en más de una oportunidad para atacar al elegido de turno: judíos seculares, árabes, mujeres, homosexuales y demás. No está claro si le gusta ser centro de polémica, pero lo indudable es que ha desatado varias tormentas con el correr de los años en el seno de la opinión pública israelí. Mientras sus seguidores lo admiran por su sapiencia en temas de religión y judaísmo, sus críticos lo aborrecen y consideran un ejemplo de pensamiento obtuso y anticuado.

El problema ahora, claro está, va más allá del plano interno israelí, ya que esta vez insulta y ataca directamente a quien debe ser el interlocutor de Israel en las negociaciones de paz, nada más ni nada menos que pocos días antes del reinicio de las mismas. El agravante es que el partido que él formó, Shas, es miembro de la coalición, y no es secreto que es su palabra la que determina siempre cómo votarán sus diputados en el Parlamento.

Y aquí, Yosef no deseó muerte a los terroristas, a responsables de atentados, sino al propio Abu Mazen y a los palestinos en general. Desubicado, cerrado, poco inteligente, inaceptable, es lo mínimo que se puede decir del rabino en esta ocasión. Lo peor es que con ello hace olvidar lo que él mismo dijo años atrás al analizar qué es lo central al tomar decisiones de cara a las negociaciones con los palestinos: que la vida es mucho más sagrada que territorios.

Pero el problema no termina en lo condenable de las nuevas declaraciones del rabino, sino en lo desubicado de la reacción palestina. El enojo y la condena, por supuesto, son más que comprensibles y habría sido extraño que no publicaran comunicados contra las palabras del rabino Ovadia Yosef. Pero entre eso y lo que dijo el jefe negociador palestino Dr. Saeb Erekat, hay una diferencia.

Erekat, de palabra rápida y aguda en general, se apuró demasiado al afirmar que lo que hizo el rabino fue “incitar a un genocidio de los palestinos”.

Tiene razón Erekat al exigir al gobierno israelí denunciar los comentarios de Yosef y al alegar que no es suficiente lo que publicó la oficina de Netanyahu aclarando que “esas declaraciones no reflejan en absoluto la visión del primer ministro ni la posición del gobierno de Israel”. Pero entre eso y decir que “un miembro del gobierno israelí está exhortando a que nos maten a todos”, hay una distancia de años luz..

La bocaza de Yosef sirvió de excelente excusa para que los palestinos pinten la situación actual de colores que no pegan con la realidad.

“¿Esta es la forma en que el gobierno israelí prepara a su público para un acuerdo de paz?” - se preguntó Erekat retóricamente. “Mientras la OLP está dispuesta a reanudar las negociaciones en forma seria y de buena fe, un miembro del gobierno israelí llama a nuestra destrucción”. Agregó que “ésto es un insulto a todos nuestros esfuerzos por avanzar en el proceso negociador” y exhortó a Israel a “hacer más en pro de la paz y dejar de diseminar odio”.

La realidad es que durante más de un año, los palestinos rehusaron sentarse a negociar con Israel. Cuando finalmente aceptaron, por evidente presión norteamericana, dieron el sí únicamente a encuentros indirectos, con la mediación del Senador George Mitchell, que estaba claro no conducirían a nada. Apenas aceptaron, finalmente, volver a negociaciones directas, el presidente Abbás aclaró que “si Israel vuelve a construir en los asentamientos y pone fin a la moratoria, nos vamos de las conversaciones”, a pesar de que cuando Netanyahu había proclamado la moratoria y congelado toda construcción, precisamente para que los palestinos vuelvan a negociar, ellos seguían rehusando hacerlo.

Una vez anunciado el regreso a las conversaciones directas, Netanyahu sugirió que se fije una fórmula de encuentros quincenales entre las partes, ya que estaba claro que la cita en Washington sería sólo el escenario festivo de lanzamiento. Los palestinos rechazaron la propuesta diciendo que es “prematura”.

O sea que por más condenables e inaceptables, vergonzosas y criticables, que sean las declaraciones del Rabino Yosef, dar a entender que es otra muestra de que el gobierno israelí no quiere negociar mientras los palestinos están que se mueren por hacerlo, es, por decirlo delicadamente, inexacto.

En cuanto a “preparar al pueblo para la paz” y “diseminación de odio”, Erekat tendría que tener un poco más de autocrítica.

Claro que en la opinión pública israelí, en declaraciones de sus políticos y a diferentes niveles de discusión política, hay a menudo referencias a los palestinos que no aportan a la buena vecindad. Siempre es así cuando hay un conflicto tan complejo como el actual. No todos los israelíes dicen siempre “daremos otra oportunidad” y “lo principal es la paz”. Hay extremistas y radicales, como en toda sociedad. Pero es indudable que en cuanto a incitación y agitación al odio, los palestinos les ganan por lejos.

Architerroristas, responsables de múltiples asesinatos de civiles, son venerados públicamente en la sociedad palestina como héroes. Terroristas suicidas ven desde el infierno sus nombres en calles, diversas instituciones, plazas y hasta campamentos de verano para niños. La televisión palestina ha transmitido en incontables ocasiones mensajes de elogio a la “shahada”, el martirologio (de los suicidas) y políticos que ocupan puestos oficiales (no del lado de Hamás, sino de la Autoridad Palestina), se han referido en diversas oportunidades a terroristas suicidas que mataron civiles, como “mártires” y “héroes” de la nación palestina, ejemplo para sus hijos.

El rabino Yosef trajo, con sus declaraciones, verguenza a Israel. Pero aún sin minimizar en absoluto la gravedad de sus palabras, quisiéramos recordar que del otro lado han habido cosas mucho peores.

Claro, ésto no es un partido de fútbol ni un juego de niños en el que tenga sentido decir “¡él empezó!”. Hay demasiadas cosas en juego como para entrar en eso. Lo mejor, por ahora, es pensar antes de hablar. Y a todos los que saben que pueden influir sobre corazones y mentes de su lado y del vecino, un pedido: no abran la boca a menos que tengan algo inteligente que decir.