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Un Estado religioso judío

«¿Cómo se vería Israel funcionando como un Estado regido por la Halajá, la ley religiosa judía?» fue el título de un simposio realizado la semana pasada en el Teatro Tzavta de Tel Aviv.

Entre los participantes había investigadores y figuras públicas, incluyendo miembros del Parlamento.

El título es pretencioso y sin fundamento, dije en el simposio. Aún así, no podía pasar por alto los comentarios de ponentes como el profesor Arnón Soffer, un experto demógrafo.

No hay duda de que el peso demográfico de las comunidades ultraortodoxas y religiosas sionistas de Israel es cada vez mayor. Pero no es del todo cierto que todas las corrientes quieran imponer la Halajá en nuestras vidas.

El único grupo que así pretende es el conocido como «Hardal», o nacionalista-haredí, un segmento de la población que forma parte de un movimiento religioso-sionista con rasgos ultraortodoxos. Es un movimiento mesiánico con aspiraciones imperialistas. Busca dar al judaísmo y al sionismo un carácter y creencias que muchas personas encuentran intolerables.

Tiendo a pensar que la modernidad no será derrotada por la ultraortodoxia, en parte por los medios digitales y las redes sociales, que llegan a las comunidades ortodoxas y ultraortodoxas a pesar de los enormes esfuerzos de los rabinos por impedirlo. Pero esta suposición optimista podría no hacerse realidad a la luz de los procesos demográficos y sociales que tienen lugar en Israel.

A mediados de la década de los '90, me reuní con el alcalde de Estambul. A pesar de ser un musulmán creyente tenía reservas acerca de las tendencias que representa el primer ministro Recep Tayyip Erdogan. Afirmó que los islamistas no aspiraban a cambiar la cara de Turquía, sino que sólo querían representar a los pobres en la educación y la salud.

«No hay ninguna intención de cambiar la imagen del país que fundó Mustafa Kemal Ataturk», me dijo. Me recordó que en el Ejército turco, que todavía tenía mucho poder en ese momento, la oración estaba prohibida. El embajador de Israel, que estaba presente en la reunión, se mostró menos optimista. Habló de los incesantes sermones en las mezquitas que llaman a hacer de Turquía un país islámico.

Cuando Erdogan llegó al Gobierno tuvo cuidado de no entrar en enfrentamientos con el Ejército. Pero poco a poco aumentó su poder, colocó a su propia gente al frente de las Fuerzas Armadas y comenzó a luchar contra los generales.

Unos años más tarde estaba claro que el Ejército había perdido el carácter que le dio Ataturk y se convirtió en una rama bajo el control de Erdogan. Este apoderamiento fue acompañado del aumento de la islamización y un cambio en el sistema de aplicación de la ley. Sólo la esperanza de Erdogan de ser aceptado en la Unión Europea le está guardando de ir más lejos.

Cualquier persona que quiera ser pesimista sobre Israel puede citar el modelo turco. En Israel, los rabinos incesantemente dan sermones sobre la importancia de tener el control de la religión en nuestras vidas.

La mayoría de las personas religiosas que asisten a la sinagoga no se oponen a mandamientos como «acabar con los descendientes de Amalek»; y Amalek significa los árabes, donde quiera que se encuentren.

Es cierto que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) son siempre leales al Gobierno civil. Pero la creciente influencia del movimiento «Hardal» y oficiales religiosos sionistas nos presentarán un reto difícil.

El carácter laico y democrático de Israel no está asegurado. Lo que ocurrió en Turquía demuestra que con años de trabajo preliminar a fondo es posible cambiar la idiosincrasia de un Estado secular con una orientación occidental.

Es posible fortalecer el imperio de la religión
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Fuente: Haaretz
Traducción: www.israelenlinea.com