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Conmoción social por inmolación de Silman

Moshé SilmanEl primer ministro israelí, Binyamín Netanyahu, declaró durante la reunión semanal del Gobierno que el caso de Moshé Silman, quien se inmoló durante una protesta por justicia social la noche del sábado, es una «gran tragedia personal», y que sus reclamos serán examinados por los ministros de Bienestar Social, Moshé Kahlón, y de Vivienda y Construcción, Ariel Atías.

Tras el incidente la noche del sábado, Silman fue trasladado al Centro Médico Sheeba en Tel Hashomer, donde los médicos están luchando por su salud, la cual ven muy complicada ya que sufrió quemaduras en más del 90% de su cuerpo y casi todos sus órganos están comprometidos.  
 
El presidente de la Comisión de Finanzas de la Knéset, el diputado Carmel Shama, dijo que «la terrible tragedia que ocurrió en la protesta en Tel Aviv exige una investigación exhaustiva de cómo los acontecimientos se transformaron una bola de nieve y de cómo las autoridades se manejaron en el caso de Moshé Silman».
 
En su Facebook, Shama escribió: «Tengo la intención de ir al Seguro Social, al ministerio de Vivienda, a la Administración de Tribunales y a todas las entidades pertinentes para determinar cómo los asuntos del Sr. Silman fueron manejados. Las autoridades deben examinarse a sí mismas».
 
Según dijeron representantes de la ciudad de Haifa, Silman sufrió un derrame cerebral hace un año y medio atrás; desde entonces habría recibido ayuda social y una cuota mensual por discapacidad de la cual se mantenía.
 
Los informes aseguran que Silman debía a la Administración Tributaria y al Seguro Social cerca de 15.000 shekels (unos 3.800 dólares), pero los errores de procedimiento y los fallos en los casos judiciales contra las autoridades hicieron que la deuda aumentara.

Antes del derrame, Silman era dueño de una pequeña prestadora de servicios, y no podía satisfacer la deuda. Con el tiempo la hipoteca hizo que pierda su apartamento y más tarde también el de su madre.

En declaraciones, Idit Lev, una de las rabinos de la organización de Derechos Humanos, que acompañó a Silman durante el año pasado, aseguró que «El Estado lo empujó hasta el borde. Él no se pretendía hacerse daño, sólo quería un techo sobre su cabeza. El contrato de alquiler vence en una semana, y él no quería vivir en la calle; pero nadie estaba dispuesto a ayudarlo».
 
En el pasado Silman era un ciudadano socialmente activo. Organizó manifestaciones en contra del Seguro Social y contra la relación del Estado hacia los sobrevivientes del Holocausto.

Por su parte, la líder de la oposición, Shelly Yachimovich, recriminó que el «endurecimiento brutal de los criterios para la vivienda pública y la falta de una red de seguridad pública llevaron a muchos, al igual que a Moshé, hacia un callejón sin salida y a la desesperación».
 
Sin embargo, Yachimovich agregó que «todos estamos conmocionados por él, pero aparte del horror y la tristeza, hay que recordar que el suicidio es un acto terrible y extremo. Silman no puede servir de ejemplo para nadie, ni joven ni viejo, y definitivamente no debe ser visto como un símbolo de la protesta por la justicia social».
 
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