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No sólo abogados

Netanyahu, Rohani y ObamaNo hace falta decir que el único trato a corto plazo con Irán por el que valdría levantar parcialmente las sanciones sería uno que congele todos los componentes claves de su programa de desarrollo de armas nucleares y el único acuerdo por el cual vale la pena levantar todas las sanciones es aquél en que los ayatolás restrinjan de manera verificable su capacidad para evadirse y construir una bomba atómica.

Sin embargo, aquí hay algo más que no se menciona, pero aún es necesario que se afirme en voz alta: Nosotros, Estados Unidos, no somos sólo abogados contratados que negocian un acuerdo para Israel y los árabes sunitas del Golfo, sobre el cual únicamente ellos tienen la última palabra.

Nosotros, Estados Unidos, tenemos nuestros propios intereses no únicamente en ver una reducción de la capacidad de armamento nuclear de Irán, sino también de poner fin a la Guerra Fría entre Irán y Estados Unidos que ya dura 34 años, y que daña nuestros intereses y los de nuestros amigos israelíes y árabes.

De aquí que no debemos mostrarnos reacios a articular y afirmar nuestros intereses en vista de esfuerzos israelíes y árabes por obstruir un acuerdo que, pensamos, sería positivo para nosotros y ellos. Los intereses de Estados Unidos hoy día yacen en un compacto acuerdo nuclear de tipo provisional con Irán que también abra el camino para buscarle solución a toda una serie de otros problemas entre Washington y Teherán.

Algunos de nuestros aliados no comparten esos «otros» intereses y creen que el único resultado aceptable es bombardear las instalaciones nucleares de la República Islámica y mantenerla aislada, como un débil Estado paria. Ellos no confían en este régimen iraní. Y no faltan razones. No envidio su escepticismo. Sin presión de Israel, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, así como las sanciones mundiales sobre Irán que ellos contribuyeron a impulsar, Jamenei no estaría ahora ofreciendo reducir su programa nuclear.

Sin embargo, esa presión nunca tuvo el propósito de ser un fin en sí. El objetivo era sacar a Irán del congelador, siempre que renunciara de manera verificable a la capacidad para escabullirse con un arma nuclear. «Sólo debido a que los actores regionales ven la diplomacia con Irán como un juego de suma cero -desbancar o ser desbancado - no significa que Estados Unidos debería», dijo Karim Sadyadpour, el experto en Irán por la Fundación Carnegie.

¿Por qué? Empecemos con el hecho de que Irán tiene considerable influencia sobre varias de las inquietudes de seguridad nacional más cruciales de Estados Unidos, incluyendo Siria, Irak, Afganistán, el conflicto israelí-palestino, terrorismo, seguridad energética y proliferación nuclear. En los casos que la tensión con Irán sirvió para exacerbar esos problemas, la detente con Teherán pudiera contribuir a mejorarlos. La República Islámica desempeñó una participación vital para ayudarnos a derrotar al talibán Afganistán en 2001 y puede ayudarnos a salir sin que el talibán tome completamente el control de nuevo.

«Irán cuando menos tiene lo mismo en juego en la estabilidad de Irak, y de Afganistán, que nosotros; y como vecino inmediato tiene capacidad mucho mayor de influir sobre ellos, para bien o para mal», señaló Nader Mousavizadeh, cofundador iraní-estadounidense de Macro Advisory Partners y uno de los ex asesores del alguna vez secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan.

Hoy día hay una lucha en Teherán entre aquellos que quieren que Irán se comporte como una nación, cuidando sus intereses, y aquellos que desean que siga comportándose como una revolución permanente en una lucha permanente con Estados Unidos y sus aliados. Lo que está en juego en las negociaciones nucleares de Ginebra - entre otras cosas - «es cuál política exterior de Irán prevalecerá», argumentó Mousavizadeh. Un trato que beneficie a ambos allí pudiera abrir la puerta a la cooperación en otros frentes.

Lo que es más, no hay nada que amenace el futuro de Oriente Medio más actualmente que el conflicto religioso sectario entre musulmanes sunitas y chiítas. La ruptura está siendo usada por el presidente de Siria, Bashar al-Assad, Hezbolá y algunos líderes árabes para distraer a su pueblo de cuestiones fundamentales sobre crecimiento económico, desempleo, corrupción y legitimidad política. Además, se utiliza para mantener aislado a Irán e incapaz de explotar plenamente sus ricas reservas de petróleo y gas natural, lo cual podría desafiar a algunos productores árabes. Sin embargo, nuestro interés está en sofocar esas pasiones, no en elegir un bando.

La Guerra Fría entre Irán y Estados Unidos nos impidió actuar de forma productiva con respecto a todos esos intereses. Es fácil decir que deberíamos meramente alejarnos de pláticas si no obtenemos lo que deseamos, pero aislar a Irán no será tan fácil como solía serlo. China, Rusia, India y Japón tienen diferentes intereses que nosotros con respecto a Irán. El único hombre que podía unirlos a todos detrás de las duras sanciones era el despreciable Mahmud Ahmadinejad. El nuevo presidente, Hassan Rohani, es mucho más diestro.

«Quizá llegamos a nuestra cúspide de influencia por las sanciones», agregó Sadyadpour. «Países como China no pasaron por alto indefinidamente sus propios intereses comerciales y estratégicos con respecto a Irán sólo para satisfacer al Congreso de Estados Unidos».

Todo lo anterior es la razón por la cual el acuerdo que el equipo de Obama está intentando forjar ahora que empieza a restarle fuerza a las capacidades nucleares de Irán, y prueba si es posible más, está fundamentalmente en el interés de Estados Unidos. «El premio de la detente con Irán es crucial para permitirle a nuestro país una política exterior prudentemente equilibrada que alinee intereses con compromisos, y nos permita reconstruir en casa al mismo tiempo», añadió Mousavizadeh.

Hay personas en Oriente Medio que prefieren «una guerra sin fin por las mismas razones tribales, sectarias y retrógradas que están impidiendo su propio desarrollo interno como sociedades abiertas, integradas y plurales», aseveró.

«Ellos pueden tenerlo. Pero no puede ser nuestra guerra. No es quien somos, ni en casa ni en el extranjero», aseguró.

«Aunque les cueste aceptar, nosotros somos algo más que abogados».

Fuente: The New York Times
Traducción: www.israelenlinea.com