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Ejercito israelí: Racismo, discriminación e hipocresía

Rabinos Eliakim Lebanón y Shmuel Eliahu
Todo Estado Mayor de un ejército atento a sus responsabilidades necesariamente debe programar permanentemente sus necesidades de equipamiento en material bélico y humano en base a una clara visión de la sociedad que lo sostiene y de lo que considera su futuro campo de batalla.

En este sentido se puede afirmar, sin mayores riesgos, que el Ejército de Israel justamente se caracteriza por una aguda visión futura que se traduce en un desarrollo y aprovisionamiento de infraestructura bélica sofisticada y de última generación junto a personal técnico y combatiente entrenado y de muy alto nivel profesional.

La comandancia de Tzáhal, las fuerzas de defensa de Israel, como ejército del pueblo basado principalmente en el alistamiento obligatorio de los ciudadanos del país, debe estar atenta a las aspiraciones de la población del país a los efectos de adoctrinar apropiadamente a sus soldados.

Los generales israelíes no defraudaron. El Rabinato Militar del Ejército de Israel se encargó de invitar a destacados rabinos a los efectos de dar charlas a soldados de distintas unidades. Aparentemente se trata de una inocente actividad de índole cultural o religiosa, salvo que un par de nombres hacen saltar a la vista aspectos muy interesantes de estas inofensivas conferencias de aleccionamiento.

En este caso se puede decir que dos conocidas personalidades actuaron como invitados de honor: Eliakim Lebanón, rabino de Elón Moré, un asentamiento judío en territorio de Cisjordania, y Shmuel Elihau, rabino de la ciudad norteña de Tzfat («Rabinos que demandaron desobediencia militar dieron charlas de motivación a soldados»; Ynet; 27.6.12).

Pareciera que la elección de estos famosos rabinos no fue casual y de alguna manera da la impresión que los generales del Ejército de Israel huelen muy bien la dirección de los futuros acontecimientos respecto del liderazgo israelí en las próximas décadas y generaciones.

Dice el Rabino Eliakim Lebanón: «Llegó el momento de apoderarse del bastón del mando, volver a los tiempos del Rey David y saber que la función de los rabinos no es sólo enseñar la Torá, sino constituir un mando, un liderazgo que es el verdadero gobierno del pueblo judío. El gobierno, el ejército y todo el pueblo hoy en día no son más que una multitud perdida en el camino. Llegó el momento de apoderarse del poder y no siendo rabinos de una diáspora» (B. Michael; Yediot Aharonot; citado en YNET; 2.11-2000). Años más tarde, este mismo rabino afirmó que el futuro de Israel en su relación con la religión no difiere básicamente de la Republica Islámica de Irán: «Todavía no llegó el momento de una forma diferente de mando en Israel, pero una monarquía en el Estado hebreo vendrá y sí que vendrá, y con ella un Estado judío religioso en los límites de Israel» (Eliezer Shtrum entrevista al Rabino Lebanón; Ynet; 4.12.11).

Hasta aquí el motivo, ahora analicemos sus antecedentes a los efectos de evaluar sus aportes potenciales a los valores sociales de la tropa.

El Rabino Shmuel Elihau tiene una larga foja de servicios con condecoraciones por declaraciones racistas en contra de árabes ciudadanos de Israel. En 2002 exigió que se aleje a todo estudiante árabe de la Academia de Altos Estudios de Tzfat. En julio de 2004 fue sospechoso de difundir panfletos acusando a árabes de aldeas vecinas de «tener encarceladas a 10 hijas del pueblo de Israel expuestas a violencia y humillaciones». En Agosto de 2004, lo mismo que en otras oportunidades posteriores, distribuyó anuncios a toda la población judía en las cuales se exigía de ellos no alquilar ni vender propiedades a árabes ciudadanos de Israel. En el pasado, el Rabino Elihau también dio a conocer declaraciones aconsejando no dar trabajo a estos ciudadanos árabes, no negociar con ellos y no adquirir productos en locales que empleen árabes («Acusación en contra del Rabino Elihau»; Diario Globes; 1.6.10).

El Rabino Lebanón también tiene un florido currículum de discriminación. No sólo que no está dispuesto a aceptar que hombres escuchen cantar a una mujer, sino que «una mujer no puede aspirar a un escaño en el Consejo Directivo de la aldea donde vive. A una mujer no se le da poder. Una mujer influye en el liderazgo sólo por medio de su esposo» («Rabino Lebanón: Una mujer no puede tener un cargo en Consejo Directivo»; Ynet; 23.5.10).

De todas las andanzas de estos clérigos, no cabe duda que la hipocresía del Ejercito israelí arribó a su máxima dimensión cuando inusitadamente sus oficiales dejaron de tener en cuenta los llamados a insurrección y desacato de estos dos rabinos de órdenes militares a soldados cuando se sopesan decisiones en contradicción con su ideología política, especialmente en tiempo que se discute u ordena el desmantelamiento de asentamientos judíos.

«El Rabino Lebanón implora a sus alumnos soldados desobedecer las órdenes militares de desmantelamiento: «soldados me preguntaron ¿qué hacemos? Y les respondí: entren en la casa que tienen que desalojar y comiencen a llorar; y si vuestro comandante pregunta, respondan que ustedes no pueden» («Rabino Lebanón demanda de sus alumnos desobedecer órdenes» (Ynet; 21.4.05).

Pareciera que el servicio de informaciones del ejército dispone de evaluaciones que confirman el pronóstico del Rabino Lebanón que estamos en camino de una monarquía judía religiosa.

Sólo de esta manera es comprensible su actitud de armarse de mucho racismo, discriminación y por sobre todo de hipocresía ante quienes públicamente incitan a insubordinación a las órdenes del mismo ejército.

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