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Tiempo de Elul

Tiempo de mirar a Elul... Palabras escuchadas del Rabino Mordejai Maarabi que impactan por su precisa definición; como los caminos rectos que el Creador nos ofrece y que nosotros los mortales, siempre - inevitablemente - desviamos o cambiamos de dirección.

Tal vez sea innato en nosotros querer probar nuestra propia experiencia, nuestro desarrollo personal o nuestra pequeña interpretación de todo aquello que nos supera en nuestra limitada lógica e intentamos entonces, darle nuestra propia visión o dimensión.

Para un pueblo milenario como el nuestro, donde hasta los cientificos - exactos y racionales, luego de siglos de búsquedas y estudios -, llegan a las mismas conclusiones que nuestros libros sagrados; sólo la rebeldía intrínsica del ser humano es la que se empeña en querer modificar la historia, intentando brindar una explicación para las cosas que nos suceden, otorgando una valorización cierta y certera, como si la vida misma fuera una ecuación matemática.

El Rabino Baruj Garzón - de reciente visita en Israel - nos maravillaba hablándonos del ¿«Qué soy»? (Ma Aní) y el «Quién soy?» (Mi Aní), preguntas aparentemente sencillas para nosotros los mortales, pero que en el fondo tal vez, ni logramos hurgar en esa profundidad tan ingeniosamente planteada.

Vivimos en un mundo de vorágine exterior e interior; las noticias se suceden una tras otra y la de ayer ya no es noticia; la de hoy vende más diarios y la de mañana superará a las dos anteriores; pero lo peor es que el ojo humano miró a las tres y luego olvidó rápidamente lo registrado para poder captar a otra nueva y triste imagen que nos llegará desde algún lugar remoto del mundo y que - a pesar del primer impacto - logrará insensibilizarnos cada vez más.

¿Quién recuerda ya donde comenzó la «primavera árabe»? ¿Quién fué el primer tirano derrocado? ¿Cuántos asesinados se cometieron para llegar a esta situación que aún no logra definirse y que sigue provocando miles y miles de muertos en una espiral de violencia que no cesa. ¿Quiénes o cuántas de las naciones civilizadas cumplieron con la promesa de ayudar a Haití luego del devastador terremoto que destruyó al pais? ¿Cuántos hombres siguieron presionando para terminar con las centrales nucleares luego de la demostración de fracaso en las previsiones mostradas por el tsunami japonés? ¿Qué dicen los encargados de defender y aplicar los derechos humanos en el globo terraqueo, cuando por ejemplo el tirano dictador de Uzbekistán, Islam Karimou, «cocina» en agua hirviendo a sus opositores hasta provocarles la muerte? ¿Y qué recordamos de la hambruna del centro del continente aficano que el mundo prometió aliviar?

La lista de atrocidades es muy larga y tal vez sin fin, porque preciamente el ser humano - único responsable de estas tragedias - no ha sabido repensar, cambiar, redistribuir, ayudar, mejorar. Todos tenemos atributos que están dentro de cada uno y que lograrían hacernos cada vez más felices si intentáramos mejorar primero nosotros para luego tratar de hacerlo con los demás.

Mes de Elul; mes de introspección, de sentimientos profundos, de intentos para modificar actitudes y decisiones para el año venidero. Treinta días para llegar hasta nuestras grandes fiestas del calendario judio. Mes de encuentro con nosotros mismos, donde podemos reunir la bondad y la acción, que deberían ser seguramente una guía y una obligación para cada uno y uno de los integrantes de esta cruel humanidad.

Volver; volver a ser nosotros mismos, a regresar a nuestros mejores sueños, a nuestros eternos y generosos pensamientos para acercarnos al Creador y hasta poder dialogar con Él para plantearle nuestras dudas, nuestros enojos, nuestras fuerzas y también nuestras debilidades; pero en pos de un objetivo personal y a la vez común: dejar algo trascendente para las futuras generaciones; entregar algo desde nuestro corazón para bien de los demás; para ser absorbido por nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos; para así allanar el camino y regalarle a la humanidad una propuesta diferente, una base moral que heredamos de nuestros ancestros y que cada generación usó, modificó y nos entregó para continuar nosotros la tarea.

Somos hijos del desierto, de la esclavitud, de reyes y profetas. Llevamos la sangre y la piel curtidas de cientos de generaciones que crecieron y sufrieron, pero que dejaron una enorme huella - que nunca pudo ser borrada - en el transcurso de toda la humanidad.

Hoy nos toca ver la cara más cruel de los conflictos humanos; por el poder, por el dinero, por el fanatismo religioso del islam, por la necesidad imperiosa y absurda de producir cada vez más y a la vez destruir el mismo medio ambiente que nos entrega su riqueza.

Tiempo de Elul; de levantarse para rezar y soñar, para modificar actitudes y para llenarnos de promesas; pero también para obligarnos a cambiar esta humanidad con nuestras acciones. Todo está escrito y predeterminado; pero el camino hacia el bien o el mal, hacia la prosperidad o la destrucción, es nuestra propia y única responsabilidad, nuestra propia decisión.

No perdamos el tiempo; las hojas del calendario corren, vuelan, pero también nos aproximan a un nuevo instante y, como siempre, de nosotros se espera una respuesta. Tenemos la llave para resolver nuestros conflictos, para llevar esperanza, para sembrar un año de amor, de paz y de libertad. Comencemos. Regalemos sólamente un poquito de lo mejor que cada una lleva dentro de si mismo; vivamos intensamente.

Seamos mejores; intentémoslo.

Es tiempo de mirar a Elul; no lo dejemos pasar otra vez.