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Parashat Hashavúa - Shemot

Una boca prestada

 - Cuando Dios llamó a Moisés para liberar a los hijos de Israel de Egipto, éste argumentó que era «lento de habla». «¿Cómo me va a escuchar el Faraón si soy tartamudo?» (Shemot; 6-12), dijo Moisés a Dios.

¿Por qué Dios eligió a una persona así para liderar a su pueblo? ¿Entre los 600 mil hebreos que salieron de Egipto no había nadie mejor que él? ¿Ningún otro podía cumplir con esa misión sin necesitar de un hermano que le preste la boca y hable por él?

Tal vez justamente por ello Dios lo quería a Moisés. Su misión no era de un solo día; era una empresa de muchos años. Guiaría a los hijos de Israel por el desierto, recibiría la Torá y la enseñaría al pueblo.

Moisés habría de oficiar de puente entre Dios y su pueblo. Sería el «instrumento de la redención», y Dios no quería un líder que genere falsas expectativas en la gente. El Todopoderoso aspiraba a que el pueblo se enamore de la Torá, no de Moisés. Quería que el pueblo se vea seducido por el peso de los argumentos y no por el carisma del transmisor.

Alguna vez les habrá ocurrido que quedaron encantados con alguna propaganda en la tele. Sin embargo, no siempre pueden recordar si les estaban vendiendo una gaseosa, un celular o un shampoo. En publicidad se suele decir en estos casos que el recurso se devoró al producto. La gente suele quedar tan encantada con el medio utilizado que ni recuerda qué es lo que tiene que comprar.

¿Cuantas personas en épocas de elecciones optan por un candidato simplemente porque habla bien, o se viste de forma elegante, o tiene la dentadura recién arreglada? Da igual. Cuando el recurso supera al producto, jamás se sabe qué se está eligiendo.

Y pareciera que ese era el gran temor de Dios. Podría haber elegido a un literato para enseñar la Torá y que su pueblo quede enamorado de su lenguaje. Podría haber elegido a un locutor de radio FM para enseñar la Torá y que su pueblo quede enamorado de su voz. Sin embargo, eligió a Moisés, al maestro lento de habla, para que enseñe la Torá y asegurarse que su pueblo - si lograba enamorarse - sólo se enamoraría de ella.

¡Shabat Shalom!