Parashat Hashavúa - BaMidbar
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- Publicado en Martes, 22 Mayo 2012 10:40
- Escrito por Rabino Gustavo Surazski
- Nuestros antepasados cuentan que durante 26 generaciones la letra alef reclamaba ante Dios diciendo: «Soy la primer letra del alfabeto y no has creado tu mundo conmigo, sino con la bet, que es la primera letra de la Torá».
Pero el Todopoderoso la tranquilizó diciendo: «El mundo y su contenido no fueron creados sino por la Torá. Por lo tanto comenzaré contigo cuando en el futuro entregue las Tablas de la Ley y diga «Anojí» («Yo soy el Eterno, tu Dios», que comienza con la letra alef).
¿Por qué tardó Dios tanto tiempo en entregar la Torá?
Cuando en el libro de Shemot relata la reunión de los hijos de Israel al pie del Monte Sinaí, la Torá utiliza un lenguaje bastante peculiar: «Y viajaron de Refidim, y llegaron al desierto de Sinaí, y acamparon en el desierto, y acampó allí Israel frente al monte» (Shemot; 19-2).
El versículo tiene todos los verbos conjugados en plural a excepción del último (VaIján, «Y acampó»). De acuerdo al midrash, ésto nos muestra que en ese momento todos tenían un único corazón, una única voluntad y había paz entre ellos. Dios retrasó la entrega de la Torá hasta ese momento.
Pareciera que, de acuerdo a este Midrash, Dios no tenía planificado de un comienzo la fecha de la entrega de la Torá. Fueron los hijos de Israel los que asignaron con su actitud el tiempo de su entrega.
En Parashat BaMidvar también se habla del campamento de Israel, especialmente acerca de la forma en que acampaban y marchaban los hijos de Israel en el desierto.
El Ohel Moed estaba en el centro (BaMidbar; 2-17); alrededor suyo acampaban las tribus de Israel.
Desconozco el valor de los bienes inmobiliarios en el desierto (supongo que no serán muy caros), sin embargo también allí hubieron peleas.
Moisés comenzó a lamentarse.
Dijo: «Ahora habrá disputa entre las tribus. Si le digo a la tribu de Yehudá que acampe en el este, dirá: «Deseo hacerlo en el sur». Y así ocurrirá con Reuvén, con Efraim y con cada una de las tribus».
Le dijo Dios: «¿Qué te interesa Moisés? Ellos no te necesitan para instalarse. Ellos - por si mismos - conocen su lugar. ¿Por qué? Porque de parte de su padre, Iaakov, tienen la enseñanza de cómo deben acampar con los estandartes.
Así como rodearon su último lecho (después de la muerte de Iaakov) y lo trasladaron, así deben rodear al tabernáculo. Por ello dice: «según las insignias de la casa paterna acamparán los hijos de Israel». Tal como rodearon el lecho de su padre, así acamparán.
La realidad es que no era tan importante cómo acampaban los hijos de Israel. Lo trascendente aquí era que todos tenían en claro que aquello que marchaba en el centro, transformaba a esa masa de hombres, mujeres y niños en un pueblo.
Tal vez resulte difícil revivir ese espíritu de corazón, voluntad y paz única que reinó 3.300 años atrás durante la entrega de la Torá. Sin embargo, también nosotros, el pueblo judío, debemos tener en claro la centralidad de los valores que nos dieron forma como tal.
Debemos detenernos a pensar si esos valores siguen marchando en el centro de nuestro campamento.
¿Qué queremos para el Estado de Israel a 64 años de su creación? ¿Cuáles son los valores que debemos enarbolar para ser una sociedad de la que podamos sentirnos orgullosos? ¿Qué queremos para nuestros hijos y para nuestros nietos?
Sin embargo, debemos saber que no es sencillo marchar juntos, con un único corazón y una única voluntad (tampoco las tribus lo hacían; una miraba al santuario desde la izquierda y otro desde la derecha).
Esa es la guerra más dura que enfrenta Israel.
Entender que aquél que mira desde la derecha y aquel que mira desde la izquierda están en un mismo barco; que somos un solo pueblo. Que puede haber una manifestación que grite SÍ, y a la semana siguiente otra que grite NO, y aun somos uno. Que unos pueden escribir BLANCO en los periódicos y otros escribirán NEGRO y aun somos un solo pueblo. Que podemos ser uno, no porque tenemos un único corazón sino a pesar de tener varios corazones y diferentes voluntades.
Asimilar este mensaje nos transformará en una sociedad ejemplar.
¡Shabat Shalom y Jag Sameaj!








