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«Estoy orgulloso de ser israelí»

Alyan al-Krenawi El profesor Alyan al-Krenawi (53), casado y padre de dos hijos (Muhamad, de 6 años  y Liali, de 11), ha hecho historia. Al ser nombrado hace algo menos de un año como presidente del colegio universitario Ajvá en el Neguev, que tiene 4 mil estudiantes, 470 de ellos árabes, que egresan con título universitario, se convirtió en el primer ciudadano beduino de Israel en encabezar una institución académica.

«Tiene una energía impresionante; siempre tiene planes y piensa qué otro programa se puede emprender», comentan quienes trabajan con él. Y él está convencido de que lo hace en pro de la sociedad en general.

No es casualidad que haya dejado un bien remunerado puesto al frente de la Escuela de Asistencia Social en la Universidad Memorial de Canadá, donde enseñó durante unos años, para volver a ocupar el cargo que se le ofrecía.

La semana pasada, cuando Israel cerró los actos conmemorativos del Día de Recuerdo a los caídos y dio comienzo a los festejos por el 65º aniversario de la Independencia, allí estuvo el profesor Al Krenawi, sobre el estrado, emocionado, encendiendo una de las doce tradicionales antorchas.

El profesor Al Krenawi nos recibió en su oficina en Ajvá y compartió con nosotros pensamientos y sentimientos sobre su vida, el Israel de hoy y sus sueños.

El significado de su presidencia y la sociedad multicultural  

- Profesor Al Krenawi, cuando usted  fue designado para este cargo de presidente del colegio académico Ajvá, dijo que eso era una victoria de la democracia… Y yo no sé si empezar esta entrevista por ahí, por el hecho que usted es el primer beduino que encabeza una institución académica en Israel o por el hecho que fue uno de los ciudadanos que encendendió una antorcha en el acto central en el Monte Herzl que dio inicio a los festejos del 65º aniversario de la independencia de Israel. ¿Qué le parece a usted que es lo más destacable?
- Gracias ante todo por su interés en venir a entrevistarme y a conocer así de cerca al colegio académico Ajvá. Ante todo quisiera explicar que cuando me designaron dije que eso era una victoria de la democracia, porque era una forma de permitir que se manifiesten los distintos sectores de la población de la sociedad israelí, también la sociedad beduina.
Esto me lleva al hecho que me eligieron para ser uno de los ciudadanos que encendió una antorcha. Creo que, nuevamente, es un deseo de incluir y abarcar a todos, como parte de una sociedad multicultural que da lugar a todos. Somos una sociedad multicultural, con gente que viene de diferentes trasfondos. Si sabemos dar lugar a religiosos, ultraortodoxos, seculares, etíopes, rusos, árabes, todos los miembros de la sociedad, enriqueceremos a la sociedad israelí toda.

- Pero a usted no lo nombraron presidente de este colegio para «llenar» el lugar de los beduinos sino por su trayectoria, por su carrera...
- Por supuesto. Lo dije claramente. Si pensara que me nombraron por mi origen, renunciaría. Fui decano de la Escuela de Asistencia Social en la Universidad Memorial en Canadá, soy profesor en la Universidad Ben Gurión de Beer Sheva. Creo que he hecho una muy buena carrera académica y que me eligieron para este nuevo cargo por eso, por mis condiciones; y al mismo tiempo, me parece que esa decisión dice mucho…

- No sólo sobre usted, se refiere, sino sobre quienes lo nombraron, sobre el enfoque de fondo...
- Así es. Significa que hay un deseo de cambiar el diálogo dentro de Israel, dejando en claro que hay lugar para todos y que hay que modificar los prejuicios y estereotipos que tenemos unos sobre otros. Si yo estoy al frente de una institución académica hace cinco, seis meses, y logro conducir a esta institución adonde deseo, en base a mi visión, la gente ve…

- ...que es posible...
- Por supuesto; y que no sólo judíos saben hacerlo; y ven que no hay que juzgar a nadie según si es judío o árabe, sino según lo que vale; la capacidad que tiene. Creo que al estar al frente de esta institución, si logro llevarla desde un punto de vista académico adonde creo que hay que llegar, y si consigo que sirva de palanca para el desarrollo económico, social y educativo de toda la zona, respondiendo así a las necesidades de los grupos más debilitados de la sociedad israelí, estoy sirviendo a todos. Y los más flojos, los sectores con mayores problemas son los ultraortodoxos, los etíopes y los beduinos, eso es indudable.

- ¿Y eso es culpa del sistema, del Estado, o también, al menos en parte, de ciertas características de enfoque, de vida, de comportamiento de cada uno de esos sectores?
- No quiero acusar a nadie, pero quiero dar algún ejemplo. Aquí, en la zona en la que se encuentra Ajvá, por ejemplo, hay una importante población de la comunidad etíope. Esa gente llegó de un país del tercer mundo y sabemos de antemano que sus condiciones para empezar el camino son distintas de las que tiene alguien llegado, por ejemplo, de Uruguay. Un grupo así necesita un apoyo intensivo. Aún sin entrar en la parte sicológica del traslado, si se instala a esa gente en una localidad como esta, Kiriat Malaji, de por sí de nivel socioeconómico bajo - y hoy el 20% de la población local es de origen etíope - está claro que se está poniendo a un grupo con problemas propios, más flojo, en un lugar que de por sí también los tiene.

- O sea que hay errores, dice usted, en la política de absorción...
- Eso está clarísimo… Y yo me pregunto qué podemos hacer nosotros desde la educación para ayudar a esa gente de sectores más debilitados a salir adelante.

- Pero hay, al parecer, también factores culturales que inciden. Creo que usted lo ve de cerca; de su familia, de 15 hermanos, usted fue el único que decidió hacer carrera académica... ¿verdad?
- Es cierto. Claro que cada grupo tiene que tomar responsabilidad por si mismo. Por supuesto que el Estado, el sistema - lo cual incluye a Ajvá - tiene que dar oportunidades a la gente, pero la gente debe querer cambiar. Soy consciente de lo complejo del tema pero sé que cuando se destina recursos a salir a buscar a la gente para que se acerque, para que estudie, eso influye para bien. Es por eso que en los últimos años hay un aumento en la cantidad de mujeres beduinas que salen a estudiar. Y eso es significativo. La sociedad beduina es muy tradicionalista. Y si vemos que aumenta la cantidad de mujeres que estudian es porque está cambiando algo en la estructura de la sociedad y con ello las jovencitas están convirtiéndose en un factor que aporta a la economía israelí en general, no sólo a la beduina. Eso se refleja luego a todo nivel, mejora a todos.
Cuanto más se estudie, mayor nivel habrá, mayor ingreso, traerán menos niños al mundo - la natalidad en la sociedad beduina es sumamente alta - y las cosas irán mejorando.

El hogar, la niñez, sus varios mundos  

- ¿Cómo fue el hogar en el que usted creció?
- Gracias por esa pregunta. Yo nací, como usted bien dijo antes, en una familia de 15 hijos. Somos nueve hermanos y seis hermanas. Y, claro, mi padre - de bendita memoria - y mi madre. Cuando estudiaba en la primaria, quedaba muy lejos de mi casa.

- Pero tenía un burro... ¿no es así?
- Eso fue más tarde. Al principio tenía que caminar como 45 minutos para llegar a la escuela y otros 45 para volver. Iba siempre caminando y era agotador; en el verano, al sol o en el frío.

- ¿Y desde cuándo estuvo «motorizado»?
- Llevó unos años. En cierto momento me compraron en efecto un burro y eso me facilitó un poco las cosas. No recuerdo a qué edad fue. Creo que en 3º de primaria.

- Toda una aventura para un niño…
- Eso es cierto. La escuela funcionaba en un edificio muy viejo. Recordemos que la ciudad de Rahat, en la que vivo hoy, todavía no existía. Había tribus dispersas por diferentes lados. En determinado momento, creo que en 5º de primaria, un día se voló el techo. Y esto que le doy es una primicia, no lo conté nunca porque me había olvidado.

- ¡Tengo un gran «scoop» entonces!
- Así es. Ayer me encontré con un ex compañero de escuela y me dijo: «Alyan, te escuché por la radio, estuviste muy bien, pero te olvidaste de contar sobre aquella vez que se nos voló el techo de la escuela». Tenía razón. Durante aproximadamente medio año estudiamos afuera, debajo de un árbol; y nos íbamos moviendo según el ángulo en el que podíamos tener sombra.

- Y me animo a asegurar que no se sentía ni infeliz, ni pobrecito, ni desgraciado...
- No, para nada. No recuerdo haber tenido un sentimiento así. Me era importante estudiar, quería saber, quería aprender.

- Ahora, que usted ve la diferencia con las condiciones en las que crecen sus hijos y lo que puede darles, cuando compara con aquello ¿siente acaso que en aquel entonces usted no era afortunado?
- No. Es que era todo diferente. Tenía lo que tenía y eso era lo que conocía. No había electricidad, no había televisión, no había computadoras. Hoy todo está al alcance de todos en el sentido que todos saben lo que hay. Hoy el mundo es distinto y la realidad en la que vivimos es muy diferente.

- ¿Y hay cosas de aquel entonces, de aquella vida, que usted extraña o por las que siente cierta nostalgia?
- Sí. Caminar en el desierto, afuera. Es algo que me toca mucho. Me ayuda a pensar bien, a elaborar mis ideas. Me da tranquilidad. Me gusta ver de lejos a un pastor. Me inspira nostalgia y muchas veces paro el coche en un costado y me quedo mirando.

- El que hoy exista la ciudad de Rahat en la que usted vive - no es Nueva York, pero es una ciudad, no una carpa - ¿significa que todo aquello se perdió o es posible combinar entre ambos mundos?
- Creo que soy un ejemplo de que se puede vivir en dos o tres mundos a la vez. Uno se puede adaptar a las distintas situaciones. Alyan puede estar en Canadá, en Tel Aviv, en Rahat y también en las localidades beduinas no reconocidas, donde viven en carpas.

- ¿Pero dónde se siente más cómodo?
- Me es difícil decirlo porque he desarrollado mecanismos de adaptación. Creo en la integración. Nunca creí en las separaciones. Eso no significa que pierdo mi identidad. La tengo muy clara.

- ¿Y cuál es esa identidad? ¿Cómo la definiría?
- Arabe, musulmán, israelí.

- ¿En ese orden?
- No necesariamente. Soy israelí como todos los israelíes, soy árabe beduino y musulmán. Esa es mi identidad.

- ¿Es una persona creyente?
- Sí, pero no religioso. Creo; respeto a cada uno según el camino que elige. Lo que me importa mucho es lograr combinar, integrar. Y el que esté hoy al frente de Ajvá es una forma de combinar los mundos, de integración. Dirijo este lugar creo que al mejor nivel que se puede hoy en una sociedad moderna. Y de noche, en mi casa, soy un beduino de Rahat y me comporto como tal. En cierta medida vivo en ambos mundos al mismo tiempo. Hay que encontrar un equilibrio.

Los problemas de la sociedad beduina

- ¿Y eso significa que también puede entonces ver cosas que le molestan e intentar cambiarlas?
- Sí, por supuesto. Veo cosas en la sociedad beduina que me parece que están mal y trato de modificarlas, pero buscando las estrategias apropiadas para ponerlas sobre la mesa, sin hacer una guerra. Por ejemplo, cuando estaba al frente del Departamento de Investigación de la Sociedad Beduina en la Universidad Ben Gurión, logré en tres años traer mediante varias actividades en las que visitamos escuelas, liceos, organizamos congresos y seminarios, más de 150 estudiantes beduinas a la universidad. Fue un logro impresionante.
Creo que a través de las charlas, de la concientización acerca de la importancia de la educación tanto para varones como para mujeres, logramos cambiar algunas cosas. Tengo un ejemplo concreto en mi familia. Hace poco, un sobrino mío dijo que se quiere casar y estuvimos hablando del tema con mi mamá, que tiene casi 80 años. Ella de repente dijo: «Es importante que se case con una maestra, con una mujer que tenga educación». Me pareció interesante y le pregunté por qué dijo eso. Y ella, con un estilo muy claro, me respondió: «Hoy la vida es diferente; si tiene educación ella también trabajará, aportará a los hijos, ayudará a su esposo, estarán juntos y construirán así una buena vida». Le dije con una sonrisa que cuando yo estudiaba ella no pensaba así, y me respondió: «La vida ha cambiado».

- Me imagino la alegría que usted sintió…
- Se imagina bien. Es bueno poner las cosas sobre la mesa y lograr cambiar algo para bien. Con toda modestia, creo que algo he aportado al respecto. Hay además fenómenos que no todos están dispuestos a «tocar» y que creo que estancan el desarrollo de la sociedad beduina, como la poligamia. Recordemos  algunos números generales que pueden presentar el cuadro de los beduinos hoy en el Neguev. Se trata de aproximadamente 200.000 personas. Parte de la población beduina vive en localidades reconocidas por el Estado y parte no. El 60% de la población es menor de 19 años. Creo que esta población encierra probabilidades y riesgos. Si se invierte en la educación de este sector, podemos construir una sociedad diferente. Si no nos dedicamos a estos jóvenes y niños, creamos un serio problema.
Creo que lo que vemos hoy es que cuando más educamos, hay menos poligamia y menos niños en cada familia. Hoy no se puede traer 10 o 15 hijos. También se contrae matrimonio más tarde.

Entre el honor y los problemas por resolver

- Profesor Al Krenawi, dejemos un poco los análisis sociológicos de lado y pasemos a su vivencia personal al frente de Ajvá en todos estos meses. ¿Cómo es su resumen por ahora?
- La verdad que me siento muy bien; estoy contento en este cargo; me siento muy apoyado por todos; me encuentro mucho con los docentes, con los estudiantes. Además, no soy una persona que mantiene distancia y me acerco con facilidad; voy, saludo, hablo. Creo que eso ayuda.

- Recordará que hubo objeciones cuando lo designaron...
- Por supuesto. Y es legítimo. Tal como ya hemos dicho antes. En Israel somos una gran familia con diversas opiniones; está bien. Me siento excelente, creo que vamos por muy buen camino.

- Cuando le dijeron a usted que había sido elegido para encender una antorcha en Yom Haatzmaut... ¿qué reacción le produjo la noticia? Más allá de la victoria de la democracia, del reconocimiento personal; la ciudadanía árabe también carga con ciertas complejidades como parte de Israel. Muchos tienen problema con la definición de Israel como Estado judío, con la letra del himno nacional «Hatikvá» que habla de «un alma judía que late…». Por todo eso le pregunto cómo se sintió.
- Ante todo me resultó una gran sorpresa; realmente no sabía nada. Pensé que me estaban haciendo una broma pero luego entendí que era cierto y me emocioné mucho. Creo que es un gran honor ser parte de quienes encienden las antorchas en el acto tradicional, ya que va con mi enfoque de vida. No estoy tratando de quedar bien con nadie. Hago sólo cosas en las que creo ya que sé que llegué a esto con mi propia trayectoria. No vine aquí a buscar trabajo. Ganaba mucho más como decano en la universidad en Canadá en la que estuve enseñando unos años que lo que gano ahora como presidente de Ajvá. Vine porque creo en lo que hago.
Y por eso me emocioné mucho cuando me avisaron y sentí realmente que es una forma de integrar, de permitir que los distintos sectores se manifiesten. Refleja el multiculturalismo, la convivencia judeo-árabe y por ende eso significó mucho para mi.
Soy consciente de la complejidad de las cosas que usted menciona, de los problemas de los beduinos en el Neguev, pero también creo que una coalición entre judíos y beduinos es lo que puede cambiar a la sociedad. No creo en sociedades separadas. Y respeto los actos y símbolos oficiales.

- ¿Usted puede entender que el himno hable de «un alma judía que late…» y que la bandera tenga la Estrella de David, un símbolo judío?
- Conozco el significado del «Hatikvá» y también he estado en enero último junto al presidente del Estado cuando se cantaba el «Hatikvá» en un acto oficial. Y en agosto del año pasado, poco después de volver de Canadá, estuve en un acto en el que se cantó también el «Hatikvá» junto al jefe del Estado Mayor de Tzáhal. Respeto los símbolos del Estado y también creo que todos deben sentirse parte del  trabajo conjunto en la sociedad israelí.

Israel desde adentro y desde afuera
 
- ¿Qué es Yom Haatzmaut para usted?
- En este caso, cuando en el acto central de Yom Haatzmaut yo estuve allí, encendiendo una antorcha, Yom Haatzmaut era un símbolo del lugar del que yo vine y de que soy parte del país.

- ¿Cómo ve usted a los ciudadanos árabes de Israel que ven en el día de la independencia de Israel su día de «Nakba», catástrofe?
- La historia no puede ser negada. Cada uno puede pensar lo que quiera en un Estado democrático. Sé que hay distintas opiniones al respecto. Es un hecho que hay gente que al fundarse el Estado de Israel vivió diversos traumas y crisis y cada uno habla de acuerdo a eso. Si queremos, como sociedad israelí, estar siempre estancados en el pasado y la historia, en lugar de pensar en cómo avanzar y hallar el lugar para todos, entonces realmente nos quedaremos allí. Creo que hay una nueva era, una nueva realidad y hay que intentar de ser parte de su accionar.

- Quisiera compartir con usted un sentimiento de algo perdido, además de los análisis políticos que pueden enojar o molestar. Cuando oigo árabes de Israel o palestinos de Cisjordania hablando de la indepedencia de Israel como «Nakba», pienso que de no ser por la actitud del liderazgo árabe de entonces, también ese «Estado árabe», cuya fundación había sido estipulada por la ONU junto al «Estado judío», podría estar festejando ahora 65 años de independencia...
- Es muy cierto. Es verdad. Dos Estados para dos pueblos. Podría haber sucedido ya en aquel entonces. Pero hay errores históricos. De todos modos, creo que lo que el Estado tiene que preguntarse hoy es cómo hacer para garantizar que todos se sientan parte. Eso es lo principal. Es algo estratégico. Claro que depende de todos, pero el Estado, las instituciones oficiales - también yo que estoy al frente de una institución como esta - tienen que ver cómo responder a las necesidades de los distintos sectores, independientemente de su origen, para que se sientan orgulloso de ser parte aunque tengan problemas.
La población árabe es un recurso humano muy importante y hay que darle oportunidad de construir el Estado. Le aseguro que muchos se mueren de ganas de hacerlo. Algunos lo logran, claro. Pero no todos. Y muchos más árabes pueden ostentar cargos altos, importantes.
Cuando estuve hace poco en Canadá, en un Mc Donald's en el que los niños jugaban con otros niños, conversé con unos árabes del exterior y cuando intercambiamos tarjetas y vieron mi cargo, se sorprendieron totalmente. «¿Presidente de un colegio universitario?» Ven que eso sucede y les cambia ciertas estructuras.

- Con esto que usted me comenta me lleva a una pregunta sobre la imagen de Israel. Sin olvidar ni por un momento los problemas con los que todavía hay que lidiar, sabemos que la situación aquí no es como la pintan en general nuestros enemigos. ¿Qué impresiones tiene usted al respecto?
- Creo que afuera lo saben. En muchas ocasiones, ya antes de ser presidente de esta institución, siendo profesor en la universidad Ben Gurión, en encuentros con colegas árabes o con  docentes palestinos, ven dónde uno está y qué hace. No todo es negro ni blanco. Hay cosas buenas, hay cosas un poco menos buenas. Hay que ver el cuadro completo, no presentarlo en forma parcial.

- Y cuando usted mira alrededor de Israel... ¿ve en Israel mucho más blanco que negro?
- Es cierto. Creo que los ciudadanos árabes de Israel viven una realidad diferente; que les aporta. Están en un mundo avanzado, desarrollado desde el punto de vista de la educación y de la democracia. De su libertad. Claro; uno puede decir lo que piensa, puede votar por lo que quiera. Por eso cuando surge la idea, hablando por ejemplo de Umm el-Fahem, de que los habitantes árabes se queden donde están  pero que se corra la frontera, la gente no quiere.

- Se refiere a que no quieren que ese territorio pase a ser parte de un Estado palestino...
- Por supuesto. La gente quiere estar acá; quiere ser parte de Israel. Por eso yo digo que, si quieren, hay que darles buenas oportunidades de integrarse plenamente.

- Y casi para terminar profesor Al Krenawi... ¿a qué aspira llegar dentro de unos años?
- Todo está abierto. Quiero ser parte de quienes llevan adelante a este país. Creo que tengo la capacidad para ello. Espero que así me vean también en el establishment israelí. Estoy orgulloso de ser israelí y quiero seguir representando  a toda esta sociedad israelí de la mejor forma posible.

- ¿Y qué le desea al país en su Yom Haatzmaut?
- ¡Yom Atzmaut Saméaj! Un feliz Día de Independencia. Y que seamos una sociedad justa, igualitaria, una sociedad en la que todos se respetan mutuamente independientemente del origen étnico de cada uno; que seamos tolerantes; que sepamos comprendernos y tenernos en cuenta unos a otros.

Fuente: Semanario Hebreo de Uruuguay
Al Krenawi en Yom Haatzmaut