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La única salida

Estimados,

Gilad Shalit es el hijo de todos. Cada momento nos encontramos con su rostro joven y tierno. No existe una sola persona que haya permanecido indiferente; ni una que no haya deseado ver a este chico volver a su casa.

El debate fue, y sigue siendo, el precio.

De hecho, es difícil para nosotros hablar de precios cuando se trata de un soldado de Tzáhal, pero sin embargo, lo hicimos. Los más preocupados se refieren a un incremento del terrorismo una vez que se produzca la salida de algunos de los asesinos de las cárceles; otros, en cambio, aprueban un acuerdo cueste lo que cueste.

Netanyahu tomó una decisión y ha decidido bien. Sabemos cuantos asesinos liberó y cuantos aún liberará y podremos ver el final del cínico uso de la foto de Gilad por parte de varios grupos ultra-radicales que buscan desequilibrar al gobierno apelando en vano a la seguridad.

Incluso no faltarán aquellos que traten de atribuir la "capitulación" y la liberación de Gilad Shalit a sus protestas.

Pero el gobierno y el pueblo de Israel no teníamos otra salida. No podemos renunciar al precepto de liberar prisioneros. Es una norma que debe cumplirse aun cuando el precio a pagar sea terrible, y no hay duda de que este es el caso.

Habrá nuevas víctimas de ataques terroristas, pero ¿qué otra opción teníamos? ¿Dejar que Gilad Shalit muera en la cárcel? ¿Que Tzáhal pierda la confianza de nuestros soldados y de la sociedad israelí?

Ninguno de todos los canallas que dejaron las cárceles israelíes - criminales que tienen sus manos llenas de sangre de inocente - merecen el terrible duelo que nos habría embargado a todos si Gilad Shalit no regresara de su cautiverio. El trauma de Ron Arad todavía está profundamente grabado en nuestra memoria, posiblemente debido a la negligencia o a la arrogancia.

Todos educamos a nuestros hijos y nietos a amar a Israel. Este es el país que generaciones de judíos han anhelado. Esta es la tierra donde, de haberse establecido un estado diez años antes, millones de judíos podrían haberse salvado del infierno nazi. No contamos con otro Israel de reserva. Por lo tanto, tenemos el ineludible deber de salvaguardarlo. Violar esa responsabilidad de cuidarlo y de cuidarnos mutuamente sería el principio de nuestro fin.

No tenemos el "lujo" de presentarnos ante la comunidad internacional como si no nos preocupara la suerte de nuestros soldados. E incluso si los árabes quieren 1.000 almas a cambio de una, eso no puede desalentarnos.

Garantizar esa mutua responsabilidad es el secreto de nuestra fortaleza, de nuestra existencia y de nuestra victoria.

Estemos orgullosos de formar parte de un pueblo que se relaciona así a sus soldados. A la hora de la verdad, ellos siempre estarán allí.

¡Jag Sameaj y Buena Semana!