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Septiembre Negro

La política israelí está a punto de sufrir un duro golpe en septiembre. Se puede neutralizar a Mahmud Abbás e Ismail Haniyeh. Pero,¿se puede hacer lo mismo con un Estado palestino? ¿Un Estado a donde, desde septiembre, presidentes y reyes del mundo de pronto comiencen a llegar?

Yuval Diskin, el ex jefe del Shin Bet, tiene razón. Septiembre siempre fue un pésimo mes. Consideremos septiembre de 1993, aquel maldito mes cuando se firmaron los Acuerdos de Oslo. O, 15 años antes, cuando Israel y Egipto llegaron a un acuerdo de paz en Camp David. La invasión nazi a Polonia tuvo lugar en septiembre, al igual que los atentados terroristas de Al-Qaeda en Nueva York y la segunda Intifada. James Dean fue asesinado un 30 de septiembre, y fue en septiembre de 1995 cuando Israel aceptó ceder el control de una parte considerable de Cisjordania a los palestinos.

Pero tal fatalidad no es sino una cuestión de perspectiva. Lo que vaya a suceder en septiembre de 2011, si es que algo sucede, será también una cuestión similar.

Las palabras de Diskin no deberían conmover ni asombrar particularmente a nadie. Los funcionarios a cargo de los Servicios de Seguridad, el Shin Bet, el Mossad o ex generales, no son evaluados de acuerdo a su elocuencia. Ellos deben ocuparse del miedo, y el miedo no conoce de sopesadas palabras o frases poéticas. Irán, Hamás, Hezbolá, el terrorismo, los misiles y, por supuesto, un estado palestino independiente: ese es todo el vocabulario que se precisa para enunciar la estrategia israelí del miedo.

El director del Shin Bet no tiene, y al parecer tampoco tenía antes, una concepción de la paz. Ese no es su trabajo. Él no genera política, simplemente se hace cargo de sus ramificaciones. Pero "la política", tal como él la entiende, es clara como el agua.

"Mahmud Abbás, Salam Fayyad y toda la Autoridad Palestina", según su tajante afirmación, "se representan sólo a si mismos y no ciertamente a Hamás en la Franja de Gaza."

En otras palabras, no había ningún sentido en negociar con ellos desde el principio, y mucho menos ahora, después de haberse reconciliado con Hamás. La reconciliación puede haber conmovido profundamente las expectativas de Diskin; quizá no la esperaba - o tal vez sí y no lo dijo -, pero eso no cambia el panorama general. "Hamás no ha modificado sus ideas, su ideología o su política", mientras que la reconciliación es algo que deberá ser "probado con el tiempo".

Como si el "tiempo" fuera un factor independiente, completamente aislado de los procesos, las políticas y las declaraciones. Como si ni los palestinos ni los israelíes influyeran sobre el contenido mismo del presente y sobre la manera en que habrán de ocurrir los cambios futuros. Por cierto, ¿de cuánto tiempo estamos hablando? ¿Es que estamos condenados ahora a arrancar las hojas del calendario hasta una fecha determinada? ¿Habrá de agotarse por completo el tiempo en el infausto septiembre? ¿O quizá un año después del acuerdo de reconciliación, cuando deban realizarse las elecciones para el parlamento palestino y la presidencia? Y, más aún ¿cuándo comienza ese tiempo?

Por supuesto, lo de Diskin no es más que una metáfora. Quizá también a él le suceda algo "con el tiempo", y lo veamos de ahora en más firmando peticiones o sumándose a una de las iniciativas de paz. Muchos altos funcionarios de seguridad experimentan esas súbitas revelaciones. Pero, por ahora, sólo se ocupa de presentar resueltamente ante la opinión pública los supuestos fundamentos que dan forma a la política gubernamental israelí.

No existe un socio palestino y tampoco lo habrá a partir de ahora, hasta el final del "tiempo". El gobierno ni siquiera necesita probarlo. La reconciliación es pura ilusión; el Estado palestino será un espejismo. Nada obliga al gobierno a cambiar de perspectiva. De hecho, el ejecutivo ya está ocupado en seccionar la reconciliación, en el supuesto de que si fracasa, arrastrará con ella a Abbás, y si sobrevive, tampoco podrá contemplar la inclusión de un socio israelí.

Pero lo que resulta ilusorio es el debate mismo acerca de la identidad del socio. Sustituye con éxito la necesidad de determinar una política; de establecer las fronteras del país; de determinar hasta qué punto puede adentrarse en los territorios ocupados. Es un balbuceo inútil, que se apoya en la teoría de las "medidas para generar confianza", pero que revela justamente lo contrario: medidas de destrucción de confianza. Y sin embargo, logra hacer de la cuestión del socio palestino - no el socio israelí, Dios no lo quiera - el tema principal de todas las discusiones políticas.

Viniendo del socio ausente, el próximo discurso de Netanyahu ante el Congreso de EE.UU. no habrá de escatimar palabras; tal es el motor de esa táctica disfrazada de política. Israel siempre ha tratado de convencer acerca de sus esfuerzos por lograr la paz en el vacío. Pero esta política está a punto de sufrir un duro golpe en septiembre.

Se puede neutralizar a Mahmud Abbás e Ismail Haniyeh. Pero,¿se puede hacer lo mismo con un Estado palestino? ¿Un Estado a donde, desde septiembre, presidentes y reyes del mundo de pronto comiencen a llegar?

Fuente: Haaretz - 15.5.11
Traducción: www.argentina.co.il