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La oportunidad de acabar con la paz

La ley anti-boicot, más allá de sus consideraciones legales, de lo que decida la Corte Suprema, y del daño a la libertad de opinión, constituye otro eslabón en la cadena de leyes nacionalista-mesiánicas con un mismo objetivo: desbaratar cualquier posibilidad de paz.

En los momentos finales de la votación de la ley anti-boicot, cuando era evidente que mis colegas de la oposición y yo estábamos a punto de ser derrotados otra vez, pensé en los fundadores de este Estado. Aquellos héroes, algunos célebres y otros desconocidos, que dejaron sus países de origen y a sus familias para venir a la Tierra de Israel con el firme propósito de construir uno de los proyectos más ambiciosos del siglo XX.

¿Qué pensarían frente a los nuevos líderes de su heroica empresa? ¿Qué dirían acerca de la ley anti-boicot y de toda la serie de leyes clericales y nacionalistas que se han aprobado en la Knéset en los últimos dos años, tras caer el país en manos de los "nuevos patriotas", cuyas operaciones se realizan en nombre de la Torá, recibiendo órdenes rabinos y trabajando sin descanso únicamente por el bien de los asentamientos?

Estoy seguro de que esta visión haría que los fundadores desearan regresar inmediatamente a los lugares de donde llegaron. Ellos dirían: "Si este es el nuevo Israel, no queremos ser partícipes de sus acciones.

Desde la Guerra de los Seis Días, el proyecto israelí ha sido sometido, en espíritu y en recursos, a la construcción y enriquecimiento de la Tierra de Israel que se sitúa más allá de la frontera establecida por la comunidad internacional. La Guerra de los Seis Días no ha concluido. Introdujo células enfermas en la sociedad, cambiando por completo su rostro. En un arranque de inconsciencia, el Estado se volvió hacia el Este y fue arrasado por completo, con su corazón y su dinero, en favor de la restauración de la tierra de nuestros antepasados.

Así fue como cayeron el sur y el Néguev; como la Galilea quedó en el olvido; como las comunidades periféricas se deterioraron y los barrios pobres terminaron hundiéndose por completo; como las comunidades árabes fueron abandonadas porque los jefes de estado de aquel entonces, los miembros nacionalistas del partido Mapai, prefirieron entregarse completamente en favor de Hebrón, Belén y Jericó, retornando así a la tierra bíblica.

Desde 1967, los territorios y los asentamientos se convirtieron en la nueva identidad del Estado de Israel. Aquel programa de construcción de una sociedad israelí que forme parte activa de la comunidad internacional dio paso a la configuración del mapa de asentamientos, en el marco de una enorme inversión.

Cualquier persona que osara cuestionar la legalidad o la legitimidad de tales asentamientos era calificado despectivamente como hombre de izquierda, como personaje delirante, como alguien que se obstina en socavar los intereses existenciales del Estado de Israel.

Esta ley absurda, aprobada el lunes por una amplia mayoría, está destinada a proteger solamente a los colonos. No tiene nada que ver con Israel. La ley pone en una misma bolsa a Israel y a los asentamientos; no es más que un engaño que pretende presentar a Israel y a los asentamientos como una sola entidad. Es decir: aquellos que dañen el bienestar de los asentamientos estarán perjudicando también el bienestar del estado.

Es el mayor éxito de la derecha desde aquella guerra. Mientras el desparecido primer ministro Levi Eshkol y sus colegas consideraban el territorio como moneda de cambio para la paz, el rabino Tzví Yehuda Kuk, el rabino Moshé Levinger y el rabino Dov Lior y sus representantes en la Knéset se han embarcado en un peligroso viaje cuyo objetivo es lograr que la Tierra de Israel ejerza un dominio absoluto sobre el Estado de Israel. Y no dudan en hablar sobre ello abiertamente, con la cabeza bien alta.

La ley anti-boicot, más allá de sus consideraciones legales, de lo que decida la Corte Suprema, y del daño a la libertad de opinión, constituye otro eslabón en la cadena de leyes nacionalista-mesiánicas con un mismo objetivo: desbaratar cualquier posibilidad de paz.

Fuente: Yediot Aharonot - 14.7.11
Traducción: www.argentina.co.il