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¡Basta!

Sr. Director

Yom Kipur es el día en que intentamos rearmar con los fragmentos dispersos y desgastados de nuestras vidas e historias personales un todo coherente, para saber quiénes somos, qué queremos y hacia donde vamos, aunque sea una vez al año.

Hoy más que nunca, cuando los mensajes «posmodernos» nos dibujan a seres humanos sin vocación, sin historia y sin proyectos, aspiramos a recuperar el hilo narrativo que nos permita volver a ser personas y dejar de parecernos a caricaturas grotescas.

En estos momentos, cuando vivimos rodeados de miles de verdades que nos rodean sin conducirnos a ninguna parte; cuando pareciera que no hay códigos comunes porque cada uno de nosotros tiene su propio dogma, pretendemos recuperar un lenguaje común que nos permita constituirnos en comunidad; un lenguaje y una imaginación en la que padres e hijos y en la que nietos y abuelos puedan encontrarse en la palabra.

Frente al individualismo extremo, al enclaustramiento autista y al «sálvese quien pueda», que nos despojan de nuestra trama social como judíos, en Yom Kipur queremos redescubrir la solidaridad, la comunidad y los proyectos compartidos.

En estos días cuando el absurdo, la confusión y el «vale todo» parecen conducirnos a oscuros callejones sin salida, iluminados por luces psicodélicas y saturados de rítmicos sonidos estruendosos, tratamos de recuperar el sentido de la orientación y el significado de nuestro entorno.

Como judíos buscamos un propósito moral, no un significado absoluto. Nuestro camino está más allá del fundamentalismo absolutista como del relativismo moral donde todo es posible.

Frente a un mundo sumergido en la violencia, que inunda la realidad, la literatura, el cine y la televisión; ante una insensibilidad al sufrimiento humano mayor que nunca, y a carnavales de muerte que alcanzan proporciones que el mundo antiguo nunca conoció, buscamos en Yom Kipur la sensibilidad espiritual y el sentido de la pureza, que nos permitan vivir como verdaderos seres humanos.

En medio del culto al triunfalismo desenfrenado, al éxito a cualquier precio y a llegar a ser ricos y famosos, una vez al año, con humildad, tenemos la oportunidad de reconocer nuestros fracasos, nuestras debilidades y nuestras derrotas; nuestras miserias y mezquindades; porque sólo a partir de un sincero balance profundo y personal, podremos recuperar nuestra condición humana.
Pero no lo hacemos por ser masoquistas, sino para superar el aislamiento que nos produce nuestro sentimiento de culpa; por motivos reales o imaginarios, concientes e inconcientes.

Hoy, cuando pareciera que sólo importa un presente unidimensional y achatado; cuando vivimos adictos a lo novedoso, lo fugaz y lo epidérmico, lo que nos atrapa en círculos viciosos de una voracidad consumista sin límites, decimos basta.

Basta de trivialidades; basta de ocuparnos de cosas superficiales que nos empequeñecen y nos alejan de lo verdadero y de lo que perdura.

Gmar Jatimá Tová

Mónica Glazer
Haifa