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Israel reclama

Sr. Director

Así como nadie preveía las revueltas en el mundo árabes que derrocaron gobiernos que parecían eternos, tampoco hubo quien alertara que Bibi entraría en una crisis no por efecto de su política relacionada con los palestinos, sino por motivos económicos y sociales de la inmensa mayoría de los israelíes.



Ya son más de dos semanas que las manifestaciones de protesta inundan las calles y plazas de Israel. Familias enteras con sus niños a cuestas o portando cochecitos con bebés, judíos y árabes, jóvenes y no tanto, religiosos y laicos, todos movilizados como pocas veces en la historia . Sin importar la orientación política de los participantes, todos se unieron en protestas que tuvieron como primer detonante los altísimos precios de las viviendas. A partir de ahí se desencadenó una serie de reclamos que tiene que ver con la condición básica a la que está sometida la clase media israelí que carga sobre sus hombros al país.

Somos sus miembros quienes constituímos el segmento más productivo de la nación, pero quienes paradójicamente sufrimos de la insoportable carestía, de los impuestos, de la obligación de servir en la reserva de Tzáhal durante largos periodos y que a cambio recibimos servicios de seguridad social cada vez más raquíticos a medida que se privatizan muchas de las áreas que en el pasado eran parte de un Estado benefactor.

Por otra parte, es un hecho que Israel se halla en pleno crecimiento, que sus indicadores económicos son excelentes y que soportamos la crisis económica internacional como pocas naciones del mundo. Pero la conciencia de esa bonanza hizo un corto circuito con las condiciones de vida cotidianas de la mayoría de la población que se endeuda cada vez más al ser incapaz de cubrir sus gastos esenciales con sus ingresos.

Y por si eso fuera poco, hay sectores privilegiados que se benefician de los mecanismos mediante los cuales desde hace mucho se nos exprime: un puñado de familias y corporaciones que se han hecho inmensamente ricas; la clase política, cuyos beneficios son realmente insultantes; los habitantes de los asentamientos en Cisjordania, que disfrutan de ventajas excepcionales, y los ultraortodoxos que reciben subsidios especiales sin siquiera ir al ejército.

Todo esto era sabido desde hace tiempo. Pero llegó el momento en que la gota rebasó el vaso, Por lo pronto, las respuestas de Bibi son confusas y poco reveladoras de una voluntad real de impulsar reformas decisivas.

De cualquier manera, estamos logrando algo muy grande e histórico en este país. La agenda de seguridad ya no será la única a tomar en cuenta en los próximos procesos electorales. Los israelíes estamos aprendiendo que nuestra seguridad no depende únicamente de Tzáhal, sino también de quienes determinan el modélo económico del país en el cual vivimos y por el cual luchamos.

Muchos saludos.

Efraim Sirota
Modiín