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Israel: Acuerdo Bennett-Lapid presiona a Netanyahu

Yair Lapid y Naftali Bennett
Acorralado por un acuerdo entre los partidos nacionalista-religioso, Habait Haiehudí, y de centro Yesh Atid, el primer ministro israelí, Binyamín Netanyahu, deberá optar por un gobierno reducido del que, posiblemente, dejará fuera a sus aliados tradicionales ultraortodoxos.

En la cuenta atrás del plazo para consolidar una coalición que supere la barrera de 61 de los 120 diputados del Parlamento, Netanyahu afronta serias dificultades para convencer a futuros aliados y, en cuatro semanas de negociaciones, sólo consiguió obtener la firma del partido Hatnuá, de la ex canciller hebrea, Tzipi Livni.

«Vamos al tiempo de descuento», publicó el periódico «Israel Hayom», voz oficiosa del primer ministro, al informar de que los ultraortodoxos podrían quedar temporalmente fuera para no tener que acudir nuevamente a elecciones.

Al finalizar la jornada de Shabat, Netanyahu solicitará al presidente, Shimón Peres, el plazo extra de dos semanas que contempla la ley para tratar de superar el obstáculo que le colocaron los dos políticos revelación de las últimas elecciones.

Yair Lapid, al frente del centrista secular Yesh Atid (19 escaños), y Nafatlí Bennett, que encabeza el partido religioso nacionalista Habait Haiehudí (12 escaños), consiguieron bloquear la formación del nuevo gobierno con una unión técnica ya que matienen políticas muy divergentes, en particular sobre el proceso de paz con los palestinos.

Ambos defienden la idea de que los ultraortodoxos sean alistados en el Ejército y que el reparto de las obligaciones ciudadanas sea más equitativo, eje central de sus campañas electorales y que los convirtió en aliados a pesar de las críticas internas.

«Bennett no fue a las elecciones con la campaña de Lapid», se quejó en ese sentido el ministro saliente de Ciencias, Daniel Hershkovitz, al recordar la promesa de su formación de apoyar la candidatura de Netanyahu.

Desplazado por Bennett de la presidencia del partido, Hershkovitz le exigió cumplir esa promesa y «dejar de retrasar la entrada en el gobierno», porque en el pasado cometieron el error de provocar la caída de Netanyahu y «ése no es el camino deseado».

Hershkovitz se refería a las elecciones de 1999, provocadas por la retirada del partido religioso sionista Mafdal - antecesor de Habait Haiehudí - de la coalición que gobernaba Israel y que ganó el entonces laborista Ehud Barak.

El compromiso mutuo entre Bennett y Lapid - entramos los dos o ninguno - busca en un principio debilitar el tradicional poderío de los partidos ultraortodoxos Iahadut Hatorá y Shas, que se oponen a la demanda de reclutamiento y a una reducción de las millonarias ayudas que reciben a pesar de contribuir poco o nada a las arcas públicas.

«El problema está en que la táctica se convirtió en estrategia», consideró Hershkovitz, que no ve ninguna razón para una unión que, de todas formas, se romperá inmediatamente después de formarse el gobierno, según acordaron los dos políticos.

Sin ambos, y con los ultraortodoxos, Netanyahu sólo alcanza una coalición de entre 55 y 57 escaños, insuficiente para gobernar, por lo que se verá obligado a claudicar para no arrastrar al país a un nuevo proceso electoral. Con Bennett y Lapid superaría cómodamente la mayoría de los 61 necesarios.

Una de las opciones que baraja el primer ministro es que Iahadut Hatorá y Shas se sumen a su coalición en la segunda mitad del año, después de tener aprobados los presupuestos del Estado, posibilidad que los dos partidos ultraortodoxos no contemplan.

«No habrá examen de recuperación para Netanyahu, ni seremos su premio consuelo, dijo Arie Deri, uno de los líderes de Shas, al diario «Yediot Aharonot».

Fuerza dominante de la política israelí desde 1988 y aliado tradicional de la derecha nacionalista, Shas aseguró «no tener problema con sentarse en la oposición y defender las políticas sociales junto con el Partido Laborista», según Deri.

Para Netanyahu se trata de una nueva y quizás más complicada trampa, porque tarde o temprano emergerán las divergencias ideológicas sobre el proceso de paz entre Lapid y Bennett y su gobierno quedará desarmado o paralizado.

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